Cicatrizar las heridas.
Desde muy chiquito cuando me lastimaba, tenía la manía de abrir esas heridas. Me gustaba la sensación de que cada vez que se cerraba la herida, la volvía a abrir. Era algo que no podía controlar. En mi mente, me decía que si abro la herida se va a cicatrizar más rápido, pero con el tiempo fui creciendo y seguía con esa manía. Ahora no era solo cuando me lastimaba, sino que cuando me salían los cueritos alrededor de las uñas, me los quitaba y eso se ponía feo. Al momento me generaba placer, pero cuando ya había hecho el trabajo sucio, me comenzaba a doler mucho y sentía cómo mi dedo palpitaba. Era algo tóxico, me generaba placer al momento, pero después que la herida ya estaba abierta, me comenzaba a doler y me arrepentía.
Sabía el daño que me estaba haciendo y era un impulso que no lo podía controlar y lo hacía sin pensarlo. Todo esto lo estoy diciendo porque esa manía trascendió con los dolores emocionales. Conozco a una chica, me enamoro de ella, salgo muchos meses con esta persona, deja de funcionar, pero yo sigo enamorado de esta persona. Eso sería la herida, cuando me estoy curando o cuando estoy comenzando a sanar, de repente me caigo y le escribo o comienzo a ver sus fotos o ver conversaciones y ahí es cuando se abre la herida. Así es como abro la herida. Veo que ya no funciona y comienzo a cerrar esa herida otra vez. Y así sucesivamente. Es un círculo vicioso que llevo haciendo desde muy pequeño que lo ha transcendido a dolores emocionales. Es ahora que soy consciente de ese patrón que he estado cometiendo durante toda mi vida.
Tú que estás leyendo esto. Así como las heridas físicas, tienes que darle tiempo, paciencia y tratar de no abrir la herida para que se pueda cicatrizar eficazmente y quererte mucho tanto física como emocionalmente para poder sanar el cuerpo y el alma.